viernes, 18 de marzo de 2011

Sueños de juventud

Creo que fue una tarde de verano y con quince años, cuando le revelé a mi madre lo que rondaba, por mi cabeza.

En un principio y sin darle mayor importancia, su contestación fue que era muy joven.

Aunque pasados unos minutos, pensaría que una explicación sería más convincente, para subsanar futuros problemas.

Ella sabía de mi persistencia y mi terquedad, para lograr convertir mis sueños en realidad.

Mientras paseábamos me hablo de responsabilidad, madurez y convencimiento necesario, para llevar a cabo tan importante cometido.

Desde ese día, deposite esa quimera en mi pensamiento.

Los años pasaron y el destino, el cual nos tiene preparado sorprendentes cambios en nuestros planes, hicieron que cruzara el inmenso océano atlántico.

Y así fue que al encontrar la persona adecuada, con mucho amor y grandes dosis de cariño, puede hacer realidad mi sueño de juventud.

A los treinta años tuve por primera vez en mis brazos, una parte importante de mi vida.

Con treinta y cinco años, llegó la princesa para hacernos las delicias y ser completamente una familia.

Mis queridos hijos.

Si ustedes me preguntan, a merecido la pena esa larga espera, mi contestación rotunda es, sí.

Tengo la suerte de tener una esposa que me quiere, y a su vez, repartimos el cariño con nuestros hijos.

Todos nos ayudamos mutuamente, todos somos una familia.

Y si por cuestiones de la vida nos encontremos separados, siempre sabemos que un día u otro, nos volveremos a ver.