miércoles, 14 de marzo de 2007

Una semana

Una semana, siete días, ciento sesenta y ocho horas es lo que he pasado en España.

Noto que al pisar la tierra de don Quijote, se me cambia el semblante.

Salir del aeropuerto y ver los rayos solares en ese inmenso cielo azul, es para mí como una inyección de felicidad.

Claro que si además combino mi estancia con, paseos a la orilla de la playa, aperitivos en unas de esas tantas terracitas, para luego comerme un buen arroz con mariscos, mi cuerpo cambia.

Alguien dijo que, el bienestar empieza por el estómago, y yo le doy la razón.

Degustar el pan de payes con tomate, lonchas de jamón y el buen cava, es un cúmulo de dicha.

Y así de ésta manera como les cuento, he pasado día tras día lo cual quiere decir que, no he descansado.

Pero que más da, si el salir, hablar, comer, reír y caminar, es vida.

Perderse en el tumulto, dejarse arrastrar por la marea humana, son sensaciones que me invaden, cada vez que estoy en España.

Una semana, siete días, o un montón de horas es lo que estuve en España.

No obstante le dije antes de marcharme, nos volveremos a ver, levantando mi copa de cava.

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