jueves, 31 de marzo de 2011

Ponerse en forma

Después de un largo período de convalecencia, esta semana he reanudado mi puesta en forma, en el gimnasio.

Llevaba más de un mes sin hacer un solo esfuerzo, me acercaba a veces al local, solo a saludar a los viejos conocidos del sufrimiento.

Por que por más vueltas que le demos, realizar tres veces por semana toda clase de ejercicio, es un sufrimiento.

Pagar para sudar, para que las palpitaciones te suban a mil, para tener agujetas y que luego no te puedas mover, hay que ser un poco masoquista.

Pensando de esa manera, el pasado lunes, me estimule para reiniciar mi aventura en el gimnasio.

Al finalizar y con el sudor corriéndome por todo el cuerpo, raudamente me metí en la ducha.

Cada movimiento en mi limpieza corporal, reafirmaba que mi cuerpo estaba vivo, dolorido pero con vida.

Al tratar de lavarme el cabello, colocando un poco de champú en la palma de la mano, un inmenso dolor en los músculos, me impedía tocarme la cabeza.

Parecía como si mis brazos en alto y formando una uve, se hubiesen agarrotados, os diré que ese día salí del gimnasio sin peinarme.

En fin, poco a poco mi cuerpo se va habituando, y aunque sufra los castigos de los aparatos, salgo del gimnasio diciéndole a todo el mundo, nos volveremos a ver.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Una más para contar

Hoy hace exactamente un mes que fui intervenido quirúrgicamente.

Puedo apuntar que la operación ha resultado ser para mi persona, un antes y un después, tanto física y psicológicamente.

Mitigar mentalmente los típicos temores, como que pasará si con un poco de mala suerte, aparecen secuelas derivadas de la anestesia.

También las mil y una especulaciones antes de la operación, de los posibles dolores postoperatorio, después que te hayan revuelto los intestinos.

Soy de esas personas que me gusta tener todo controlado, y la espera en los minutos finales, antes que me llevaran hacia el quirófano, me encontraba como un toro enjaulado.

Digo lo de toro porque soy un Tauro.

Mientras me acompañaba uno de los enfermeros hacia la sala de operaciones, pensaba en cual sería mi último pensamiento, antes de dormir profundamente.

Pero os diré que, los brazos de Morfeo no me dieron esa oportunidad

En fin, todo ha pasado y ahora trato de adaptarme, a mi nueva vida.

O sea que hoy, cumplido el mes de la intervención, diremos que lo ocurrido será parte del pasado, y ahí se quedará.

Siento agrado en haber superado el obstáculo, e inspirado, para los futuros retos.

Contento en recordar una más de mi vivencias, y más regocijo en saber que, nos volveremos a ver.

martes, 22 de marzo de 2011

Búscame, a orillas del mar

Nos volveremos a ver, búscame en la brisa, a orillas del mar.

Nos volveremos a ver, cuando estés sola y triste, con ganas de hablar.

Nos volveremos a ver, mirando al inmenso cielo, ahí me encontrarás.

Ahora que ya sabes, a quién puedes confiar.

Nos volveremos a ver, como el primer día, en el mismo lugar.

lunes, 21 de marzo de 2011

Brisa cálida

Hoy al levantarme, me he encontrado más contento que de costumbre.

Los primeros resplandores del día, anunciaban con una brisa cálida, que hoy, tendríamos un día espléndido.

Quizás fue esa la razón que vino a mi memoria, aunque claro que por aquel entonces me encontraba en otras latitudes, del día de los enamorados.

Temprano podía apreciarse la algarabía en las calles, producido por grupos de jóvenes de ambos sexos.

Bullicios por cada rincón de la ciudad, algunos con instrumentos, amenizando las caminata hasta llegar a los parques, o plazoletas cercanas.

Lo habitual era ver, pequeños o grandes grupos en medio del césped, disfrutando del picnic, cantando y desprendiendo una alegría sana.

En algunas zonas y en carrozas, salían a las calles a repartir flores entre el público. Era un día para festejar y estar contento.

Ese día era el de más trabajo, para Cupido.

Finalmente al regresar de mi paseo mental, fue cuando me percate que hoy, comenzaba la primavera.

La primavera con toda su alegría, diciéndole por fin adiós al gris invierno, la primavera trayendo una vez más una ola de esperanza.

La primavera para estar contento, y decirnos sin más que, nos volveremos a ver.

viernes, 18 de marzo de 2011

Sueños de juventud

Creo que fue una tarde de verano y con quince años, cuando le revelé a mi madre lo que rondaba, por mi cabeza.

En un principio y sin darle mayor importancia, su contestación fue que era muy joven.

Aunque pasados unos minutos, pensaría que una explicación sería más convincente, para subsanar futuros problemas.

Ella sabía de mi persistencia y mi terquedad, para lograr convertir mis sueños en realidad.

Mientras paseábamos me hablo de responsabilidad, madurez y convencimiento necesario, para llevar a cabo tan importante cometido.

Desde ese día, deposite esa quimera en mi pensamiento.

Los años pasaron y el destino, el cual nos tiene preparado sorprendentes cambios en nuestros planes, hicieron que cruzara el inmenso océano atlántico.

Y así fue que al encontrar la persona adecuada, con mucho amor y grandes dosis de cariño, puede hacer realidad mi sueño de juventud.

A los treinta años tuve por primera vez en mis brazos, una parte importante de mi vida.

Con treinta y cinco años, llegó la princesa para hacernos las delicias y ser completamente una familia.

Mis queridos hijos.

Si ustedes me preguntan, a merecido la pena esa larga espera, mi contestación rotunda es, sí.

Tengo la suerte de tener una esposa que me quiere, y a su vez, repartimos el cariño con nuestros hijos.

Todos nos ayudamos mutuamente, todos somos una familia.

Y si por cuestiones de la vida nos encontremos separados, siempre sabemos que un día u otro, nos volveremos a ver.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Volver a la infancia

Hoy me he levantado cabizbajo, y meditabundo.

Por otra parte, la climatología poco acompañaba en disipar esa tristeza o melancolía, que rondaba en mi persona.

Es un estado que sin previo aviso y silenciosamente, se introduce en el cuerpo, como un dolor de espalda.

Necesitaba hurgar en mi interior, para calmar mis ansias.

Desviaba ese estado de decaimiento, con esporádicas sonrisas a los acontecimientos del día a día.

Pero notaba que la nostalgia, me iba ganando la partida.

Finalmente, y después de pensar detenidamente en como salir de esa situación, llegue a la conclusión que, revivir ambientes de mi infancia me ayudaría.

Es así que me propuse planchar, si habéis leído bien, planchar.

Siempre que plancho me encuentro acompañado de mi madre, que en paz descanse.

Recuerdo que ella planchaba en la mesa del comedor, y yo, me sentaba en el lugar opuesto haciendo los deberes del colegio, o simplemente observándola.

De esa manera nos acompañábamos los dos.

Ella, siempre dispuesta y afligida por saber cual sería mi futuro, y yo, respondiéndole con mis ocho o diez años, de las profesiones que pasaban frente a mis ojos camino del colegio.

Por tal motivo de mayor quería ser, basurero, policía, repartidor de leche, o el que barría las calles, hasta bombero, debido a una desgracia que había ocurrido cerca de casa.

Dulce e inocente infancia, sentado frente a mi madre, esperando a que acabara, para recibir ese gran tazón de chocolate.

Y así de tal manera, planchando y recordando a mi madre, pude superar ese momento de abatimiento.

A veces, una simple acción en nuestra vida, nos ayuda a encontrar la paz y la alegría de vivir la vida.

A veces, la alegría es solo saber, que un buen día, nos volveremos a ver.

sábado, 12 de marzo de 2011

2º - Final feliz

Poco a poco y como si de una película se tratara, enseñé en la pizarra, los pormenores de nuestro trabajo.

Trate de encausar la explicación del proyecto, como si estuviese contando una de aventuras, solo faltaba la música de fondo.

Con énfasis a las preguntas que me realizaba a mi mismo, y con cierta alegría para aquellos puntos, en los cuales habíamos encontrado problemas y soluciones.

Llego un momento que me hallaba tan a gusto, que no quería acabar la historia.

Todos estaban pendientes de mi palabra, todos menos uno. Uno de los ingenieros de la primera fila, había estado gesticulando de una manera ostentosa, señalándose el reloj de su muñeca.

Lo veía y lo sabía, estaba acaparando más tiempo de lo debido, minimizando la intervención de otros representantes.

Pero me encontraba tan lleno de satisfacción, por el interés de los oyentes que, las palabras saltaban de mi boca.

Os diré que tuvieron que parar mi discurso con aplausos, mientras alguien gritaba, “Por favor, el siguiente”.

¿Cómo pude paliar mis miedos, romper ese hielo ambiental y sobreponerme a los temores?, no lo se, quizás fue una huída hacia delante.

No se si les he dicho que, me encontraba en Noruega, revelando lo acontecido en el trabajo, a los cincuenta y nueve expertos noruegos, y en su idioma materno.

En ocasiones menospreciamos nuestra capacidad comunicativa, nos da temor ser el centro de atención, rehusamos a que todo el mundo esté pendiente de nuestros actos.

Pero la vida es una carrera de obstáculos, donde cada uno determina su valor, sonriendo de satisfacción, cuando los negros nubarrones dejan paso a la claridad del sol.

Y así de esa manera, esbozando una sonrisa, me despedí del auditorio agradeciéndoles su atención y con un, nos volveremos a ver.

viernes, 11 de marzo de 2011

1º - Más ojos que palabras

Lo más probable es que, lo que os voy a contar le haya ocurrido a más de uno, pero, creo que cada uno lo vive de forma diferente.

Nos encontrábamos en una reunión de final de proyecto, el cual después de varias semanas de trabajo y complicaciones, había culminado con un final feliz.

Era el día de exponer, a los ingenieros y directivos de la empresa la cual nos había contratado, los pormenores de toda la operación.

Como este proyecto se había realizado en conjunto con otras empresas de servicio, nos encontrábamos en la sala, alrededor de sesenta personas.

Yo me encontraba junto a mis compañeros de empresa, sentado y atendiendo las explicaciones, veía pasar a la cabeza de la sala a los representantes de las diferentes empresas que, habíamos participado en el trabajo.

Día positivas, anotaciones y acotaciones, cada uno de ellos explicaba de una manera coherente, los pormenores del proyecto.

Se estaba acercando el momento de nuestra participación, la cual decidimos que era más acertado que, fuese nuestro jefe el que ilustrara nuestra participación, por la complejidad y la responsabilidad de haberla llevado a buen fin.

Cuando anunciaron nuestro turno, de pronto alguien dejo caer, un montón de diapositivas y dibujos ilustrativos, frente a mi persona.

Mirando perplejo a mis compañeros solo escuche decirles adelante, y sin mediar palabra mi jefe me invitó, para que yo expusiese nuestro trabajo.

Sin poder pensar claramente, me dirigí hacia el centro de la sala, llevando conmigo de una manera desordenada todo los papeles.

Tratando de calmar mi corazón que galopaba de forma exagerada, enumeré todos los dibujos, para finalmente dirigirme al auditorio.

Fue en ese preciso instante que me di cuenta que, cincuenta y nueve cabezas me miraban de una forma penetrante, quizás, advirtiendo mi falta de experiencia en esos menesteres.

Creo que hasta tartamudeé en el inició, las piernas me temblaban, y mis ojos no veían otra cosa que, una pequeña ventana que daba al exterior, la cual en esos momentos veía como única escapatoria.

No sabía muy bien como iniciar la explicación, y notaba que tanto directivos como ingenieros, intensificaban sus miradas.

No podía salir corriendo, o sea que, tenía que tirar para adelante.

jueves, 10 de marzo de 2011

Hablar sin decir nada

Para algunas personas no es nada difícil, relacionarse o entablar conversación, con un o una desconocida.

Claro que el interlocutor tiene que ser un sujeto receptor, o por el contrario, sería como estar hablándole al viento.

Sin obtener una respuesta concreta, una sola mirada puede ser señal que están atendiéndote, o una sonrisa, o una caída de hombros puede significar, una réplica sin decir palabra.

Ahora bien, puede que nadie, si se está en un lugar donde hay más de un individuo, reaccione a los comentarios o alocuciones que se ha dicho.

Por norma tengo que, a la tercer coletilla y si observo que nadie del público reacciona, dejar mis observaciones para una mejor oportunidad.

Pero los que no tienen esa facilidad de palabra, o que por su timidez tratan de pasar desapercibido, o son introvertidos, o los que se esconden en si mismo, ¿qué pensaran al encontrarse con un tipo como yo?

No tengo respuesta porque todavía, no he tenido la ocasión de preguntar a alguien con esa características.

No es que no me interesa saberlo, lo que ocurre simplemente es, que al finalizar mi cometido suelo alejarme de prisa, despidiéndome con un, nos volveremos a ver.

jueves, 3 de marzo de 2011

A las tres la vida otra vez

Ha pasado algo más de una semana, para que el olvido haga acto de presencia de mi primera vez, en un quirófano.

Realmente, al notar la foto que me han sacado después de la operación, fue como ver, a un ser sin capacidad de autonomía.

Me explico, observar a alguien tendido e inerte, la cabeza inclinada y colgando, con un color pálido marfil en su cara, te da que pensar.

Para completar la vista, unos de los brazos se hallaba, enganchado al jota a jota y el otro, descansando en el pecho.

El conjunto, daba la impresión que se tratase de un ser de ciencia ficción, a quién le están cargando de energía, para activarlo nuevamente y hacerlo funcionar.

En fin, todo a pasado y puedo contarlo como una experiencia mas, y a su vez, contento de estar otra vez, en el mundo de los terrestres.

Aunque me cierne la duda de saber, si en ese corto camino de los sueños, me he encontrado con alguien y haberle dicho, nos volveremos a ver.