viernes, 15 de abril de 2011

La vejez

Ya se que a todos, nos tiene que llegar algún día.

Y se también, que despiadadamente nos espera a la vuelta de la esquina.

Aunque mirándolo de otra manera, lo peor sería, no poder contárselo a quién te quiera escuchar.

Pero no me dirán que no es un palo verla día a día, como nos invade inexorablemente.

Porque verla la vemos, cada mañana con la ayuda incondicional de nuestro mejor amigo, el espejo del baño.

Nuestro amigo porque sin él, no podríamos disimular, lo que es una verdadera realidad, que los años pasan.

Y con él apreciamos como poco a poco, nuestro cabello se vuelve de color grisáceo, y nos invaden trazos profundos en la cara.

La agilidad se vuelve torpe, y la fortaleza de las manos, desaparece con los dolores en las articulaciones.

Hasta nuestros movimientos se vuelven más lento, y llega un momento que, tenemos que anotar todo, para no olvidarnos.

Sí señores, la vejez no viene sola, según que cosa disminuye, y según que otra aumenta, nada es igual.

De jóvenes, apuramos para llegar a nuestro futuro, y de mayor, nos detenemos en nuestro pasado.

Ahora que he cumplido tantos años y mientras me acuerdo, os diré una cosa antes que me olvide, mañana nos volveremos a ver.

martes, 12 de abril de 2011

Como en la jungla

Bueno, no exactamente como hacían llegar las noticias, antiguamente en la profunda África. Pero, de una manera más moderna hemos hecho partícipe de la noticia, tanto a parientes como amigos.

Y como era de esperar, el teléfono no ha dejado de tintinear, recibiendo mensajes de felicitaciones, y llamadas de enhorabuena.

Así mismo hemos recibido, un sin fin de correos electrónicos, de varios puntos del planeta.

Toda la alegría que aporta, la llegada de un nuevo miembro en la familia.

Volviendo al tema de la jungla, y yo que he estado por esas tierras, os puedo decir que es cierto lo del tam tam para comunicarse.

Con lo fácil que es, llamar por el móvil.

Existen aldeas que de no tener, no tienen algo tan esencial y básico como agua, y por descontado cableado eléctrico.

Que diferente sería la vida en África, si los países ricos quisieran ayudar.

En fin, hemos pasado desde ayer agradeciéndoles a todos las congratulaciones, y comentándoles desde ya que, nos volveremos a ver.

lunes, 11 de abril de 2011

Buenos días, abuelos

Después de estar a la expectativa y con la incertidumbre que caracteriza el caso, hoy hemos recibido la gran noticia que, ya somos abuelos.

Elena ha llegado al seno de nuestra familia, pasadas las 8 de la mañana.

Atrás quedan en nuestra hija, los meses, días y horas de espera.

Las molestias, los dolores, y la preparación mental para traer a este mundo, una nueva vida.

Con solo una llamada telefónica, los 4.000 kilómetros que nos separan de nuestra hija, se han visto reducidos.

Escuchar, buenos días abuelos, nos ha llenado de emoción y alegría.

Todo a finalizado felizmente, ahora poco a poco tanto madre como hija, se van conociendo mutuamente.

A nosotros nos queda todavía un tiempo de espera, para poder abrazar a la madre, y acariciar al nuevo angelito.

Es lo que tiene la distancia entre países.

Hoy hemos subido un nivel más en el organigrama de la familia, y nuestro nuevo objetivo será, disfrutar del nuevo miembro.

Como nuevo abuelo, solo deseaba compartir mi felicidad y deciros que, nos volveremos a ver.

viernes, 8 de abril de 2011

El reencuentro

-Hola mamá, ¿cómo estas?

-No te preocupes por estas lagrimas, hoy son de alegría.

Tenia deseos de estar contigo, y me esforzaba por encontrarte, suerte que estás aquí.

No se en qué estaría pensando, para tener los ojos tan húmedos.

Te he buscado en mil sueños pero, el sol del día me despertaba, sin encontrarte.

-Sí, lo has notado estoy más delgado, pero, ¿a que me encuentras con mejor color?

-Tú también has perdido varios kilos, ¿qué pasa, has dejado de cocinar tan rico, como lo solías hacer?

-Mamá, primero quería decirte que te quiero, y que siempre has estado en mi corazón.

-Sí, se que lo sabes pero, necesitaba decírtelo personalmente.

-Mamá, deseaba contarte que dentro de poco, seremos más en la familia.

-Sí, tú nieta tendrá una niña, mamá, una niña.

-O sea que, me tendrás que ayudar a cuidarla, a protegerla e inspirarla, como tú lo solías hacer conmigo.

-Bueno mamá, ahora que te lo he contado, me quedo más tranquilo.

-Mamá, ¿volverás verdad?, te prometo que cerraré los ojos y así, nos volveremos a ver.

martes, 5 de abril de 2011

La verdad de los sueños

Érase, quién se sentaba a orillas del mar, observando el horizonte en busca del calor familiar.

Se encontraba solo, y la soledad, no era buena compañera.

Érase un joven soñador, lleno de quimeras, y con miles de ilusiones por conquistar.

Érase quién, sin prisas pues siempre había un mañana, deseaba alcanzar sus ideales.

En la juventud se piensa que, el tiempo es interminable.

Érase alocado, impulsivo, inconsciente, buscando hacer amistad en compañías de siluetas que, desaparecían al llegar el día.

Los años que no se detienen para nadie, lo han hecho mayor.

Repasa la cantidad de sueños incumplidos pero, siente alegría que muchos otros, han ocupado su lugar.

Hoy, son solo recuerdos de juventud por que, ya no está solo.

Hoy, rememora el pasado y se alegra, de haber logrado formar una familia.

Hoy, sigue sentándose a orillas del mar, y observando el horizonte, encuentra la paz.

Hoy, sabe que con esfuerzo, los sueños se convierten en realidad.

Hoy y siempre, nos volveremos a ver.

sábado, 2 de abril de 2011

Certificado de temporada estival

Este último fin de semana, ha sido nuestro primer día de playa.

Cerca del mediodía, nos desplazamos hasta Hospitalet del Infant, zona costera de agua clara y transparente.

En esta época del año, se puede aparcar a lado de la playa.

Tratamos de buscar un lugar para estar guarecidos de la brisa marina, o sea que, nos sentamos a lado de un muro de piedras.

No éramos los únicos que deseábamos estar protegidos del viento, los pocos que se habían animado en tomar el sol, estaban instalados de la misma manera.

Después de tomar posesión, dejamos nuestros cuerpos al aire, mientras nos entreteníamos con buena música y lectura.

No se puede decir que aunque estábamos expuestos al sol, sudásemos la gota gorda, la brisa refrigeraba el ambiente.

Después de comer en unos de los tantos restaurantes del club náutico, regresamos a la playa para rematar el día.

Finalmente, unas de las tantas nubes que se habían formado, en el transcurso de la tarde, hizo decidirnos en dar por finalizada la jornada.

Sin darnos cuenta, regresamos a casa con el certificado de haber iniciado, la temporada veraniega.

Se preguntaran, ¿que es lo que certifica el inició de la temporada estival?

Pues bien, os diré que el autentico sello, es el color cangrejo que uno solo se da cuenta que lo lleva, al regresar a casa.

Nosotros lo tenemos, lo cual podemos decir con toda seguridad que, nos volveremos a ver.

viernes, 1 de abril de 2011

No todos somos iguales

Recuerdo que me encontraba de camino al aeropuerto de Kinshasa, capital de la antigua República del Congo Belga.

Quién me acompañaba en el coche, era el agente de la empresa, un joven moreno más negro que la noche.

Había terminado mi primera estancia en la jungla Congoleña, había pasado casi cuarenta días, en un lugar llamado Muanda.

Íbamos con retraso y a toda velocidad, sin mediar palabra por culpa del idioma, ya que él no hablaba ingles y mi francés era muy pobre.

No obstante necesitaba comentarle que, en mi maleta llevaba un par de souvenirs y que no quería tener problemas en la aduana, a sabiendas de cómo se las gastaban en esa parte del mundo.

Mientras corríamos por esa avenida llena de puentes sin terminar, habían construido a ambos lados de la carretera, las bases con sus escalones pero, faltaba la unión entre ambas partes.

En fin, con un poco de gesticulaciones y mi mejor francés, comunique que llevaba conmigo algún que otro recuerdo.

Después de fruncir el seño, me dio a entender que necesitaría hacerle un regalo a alguien, lo que se traducía en dar dinero.

Entre dinero local y un puñado de francos belgas, le señale que era lo único que tenía conmigo, creo que al cambio serían 5 euros.

Aparcamos y entramos al aeropuerto corriendo, cogiéndome el pasaporte y el dinero, me señalo la cola para declarar.

Yo asustado, le recalque que no quería abrir la maleta, a lo que el manoteando y mostrándome el dinero, apunto a un guardia.

La fila se fue acortando, sentía el sudor caer por mi cuerpo, mientras, trataba de ver donde estaba mi agente. De pronto, ya estaba frente a frente con un guardia, deseoso de ver el equipaje.

Resignado y sin saber que hacer, buscaba con la mirada a mi agente, mientras, lentamente movía la cremallera. En el último minuto, alguien me señalo que me fuera con la maleta.

Aturdido y mientras trataba de cerrar la cremallera, me di cuenta de la cantidad de personas que se encontraban en ese momento, en el hall del aeropuerto. Todos iguales y yo, sin acordarme de la fisonomía de mi acompañante.

Rendido y perdido entre la multitud, sin pasaje y sin documento, sentía que mi corazón explotaría en cualquier momento.

Mirando a la multitud de cabezas negras, me di cuenta que yo era el único blanco en ese millón de individuos. Pienso que con los sudores y nervios, mi tez sería de color marfil.

Desesperado y sin saber que hacer, vi de entre la multitud, a alguien que con una amplia sonrisa agitaba unos papeles.

Ahí estaba mi salvador, corrí a su lado y no le di un beso de alegría, por que el ambiente estaba un poco cargado.

Contento le prometí que a mi regreso le traería un regalo, alegre me despedí de él y de todos, pensando que, nos volveríamos a ver.