Se dice que, una imagen vale más que cien palabras, y ayer lo comprobé mirando la tele a aquel joven.
Y así, medio boquiabierto, estupefacto y no les miento al decir que también me sentía intrigado, veía como se precipitaba al vacío.
Ocurrió que, al lanzarse desde una avioneta en paracaídas, ese instrumento de seguridad no se desplegó como debía, y así, en estilo tirabuzón caía en picado.
Llevaba instalada una cámara en su casco, la cual filmaba cada segundo de lo que todos intuíamos.
Creo que escuche decirle, “Esto es el final”, me imagino perdiendo toda esperanza.
Aunque una frase popular dice qué, -La esperanza es lo último que se pierde, y qué la suerte es de todos.
También imagine qué, como la mayoría de los mortales al percibir lo inminente, cerraría los ojos creyendo sufrir menos.
Pero el presenciar toda la noticia reafirmo mi teoría que, nunca hay que perder la esperanza, y que tarde o temprano, a todos nos toca la suerte con su varita mágica.
Por qué, el caer encima de unos arbustos, le salvo la vida.
¡Hay! Destino que, siempre nos tiene preparada una sorpresa, a la vuelta de la esquina.
Mi padre solía decir que, a la suerte hay que buscarla, pero al destino no hay que provocarlo.
Nosotros con un poco de suerte, nos volveremos a ver.
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