jueves 15 de febrero de 2007

Querer y no poder

Hay días que la inspiración no aflora a la superficie, y por más esfuerzo que uno haga, queda atrapada bajo el cabello.

Hay días que el cansancio es más fuertes que el deseo, en salir adelante.

Días en blanco que las horas transforman en días negros, por la utopía de querer y no poder.

Sí, así de ésta manera me sentí aquel día, subido a una tabla de surf.

Un amigo quién se ganaba la vida alquilándolas, insistiéndome y a la vez mostrándome un par de trucos en la playa, me dijo -Venga, a practicar-

Recuerdo que me costo deslizar la tabla con el mástil y su vela, debido a la poca experiencia y la vergüenza de qué alguien lo notara.

Con las manos amoratadas por el esfuerzo, y el agua llegándome a los tobillos, traté de subir en ella.

No os mentiré si os digo que, a la primera caída y después de pegarme el mástil en la cabeza, casi dejo todo tirado en la arena.

Mi amigo, alentándome a que siguiera gritó que tenía que ir más adentro.

La cosa no era fácil y aunque le ponía todo el entusiasmo, más me costaba subir que, desplomarme junto al mástil.

Intentándolo no se cuantas veces me di cuenta que, estaba adentrándome en la mar, cambiando rápidamente mi rumbo hacia la playa.

Ya no podía más, además tenía parte del estómago pelado por la porosidad de la tabla, sin embargo, pensé en realizar un último intento.

Quizás fue la energía empleada al levantar la pierna que, logré por primera vez mantenerme de pié sobre la tabla.

Y así por fin, pegándome la brisa en todo el cuerpo me sentí libre de ataduras, claro que en el intento había roto el bañador, y éste, flotaba solitario entre el oleaje.

Comprenderán que la alegría me duró solo unos segundos, antes de caer desnudo una vez más al agua.

La ayuda milagrosa de mi esposa con una toalla atenuó la zozobra de querer y no poder, y así, herido en mi honor y en todo el cuerpo me despedí de la tabla diciéndole, nos volveremos a ver.