El viernes es un día específico, y no creo que solo sea yo el que piensa de esta manera.
A todos nos gusta éste día ya que después de estar trabajando, finalmente llega el fin de semana.
El viernes es día de hacer planes, de reuniones con amigos o de cenas especiales.
Yo los viernes me levanto contento, intentando que nada cambié una tradición heredara de mi madre.
Recuerdo de mi tierna infancia, ese día en particular, mi madre se levantaba temprano, a decir verdad ella siempre madrugaba, pero ese día planeaba la compra para todo el fin de semana.
Como ella nos regalaba en los fines de semana con alguna comida fastuosa, de su extensa imaginación culinaria, la cena de los viernes en casa era casi una tradición rutinaria.
Y vosotros preguntaréis ¿y qué tradición teníamos en casa?
Pues la cena de cada viernes eran pizzas caseras, hechas por ella misma.
Ahora y después de tantos años sin su compañía, soy yo quién se encarga de prepararla y ofrecerla a los componentes de mi familia.
Por eso y como hoy es viernes, ya saben lo que cenaremos de especial.
No os invito a degustarla porque sois capaces de venir, y mejor es despedirnos de una manera sencilla, diciéndoles solo que, nos volveremos a ver.
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