Fue lo que dije el día de mis cincuenta cumpleaños, al tratar de levantarme de la cama.
Nunca imagine que recibiría en ese día tan memorable, un ataque de lumbago y ciática.
Pues así comencé esa mañana, rogándole a mi mujer que, por favor me ayudara.
No recuerdo bien como pude ponerme en pié, pero lo que no he olvidado es, ese dolor de cintura y en la nalga.
Sufrimiento que continuaban a lo largo de la pierna, hasta el dedo gordo del pié.
Mi esposa realizando un esfuerzo sobre humano; dado el volumen de mi físico, medio me arrastro hasta llegar al baño.
Lógicamente no soy diferente al resto de los mortales, y fue así que, al finalizar de hacer mis necesidades fisiológicas, no tuve más remedio que ducharme para poder limpiarme, ¿me entienden, no?
Al cabo de unas horas, llegamos en compañía de mi media naranja a urgencias, caminando como Frankestein con diarrea.
Al preguntarme las enfermeras mi edad, les hizo gracia saber que, festejaría mi mitad de siglo en esas condiciones.
Ahora vosotros preguntaréis, -¿Y porqué nos cuenta esto?
Por qué desde ese día me di cuenta que, a cualquiera le puede tocar el gordo pero, por más millones que tengas, si no tienes salud no eres nada.
Que el levantarse cada mañana sin dolor en el cuerpo, es señal de felicidad.
Pero lo más importante es que, si no tienes la ayuda de una persona que te quiere, puedes no salir nunca de la estacada.
Aunque pensándolo bien, hoy es lunes y quizás muchas personas hayan expresado ésta mañana lo de, hoy no me puedo levantar.
Nosotros con suerte y salud, nos volveremos a ver.
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