viernes 19 de enero de 2007

Como una moto

Me pregunto si habrá más gente como yo que, tiene preferencia en un día de la semana más que en otro.

A mí ese día en especial me cambia completamente, y ya da igual que llueva o que haga sol, yo me levanto con un vigor de vikingos.
Y los vikingos eran vigorosos, o sino, vaya al dato.

En pleno invierno de vientos helados, copos de nieve como tochos y un frío de congelar hasta las orejas, ellos iban en pantalones cortos y chalecos sin mangas.

Después de una noche de gran papeo, mucha bebida y no menos de sexo, se echaban a la mar en sus inmensas barcas, atravesando el mar del norte a remo.

El tiempo que tardaban no lo sé, pero al llegar a las costas escocesas o irlandesas, se cepillaban a todos y a todas, para regresar el mismo día nuevamente remando entre olas de varios metros.

Con esto no os quiero decir que, invierno y verano utilizo pantalones cortos.
No, lo que os quiero decir es que, ese día en particular me levanto lleno de entusiasmo, contento y con mil planes en la cabeza.

Planes que la mayoría de las veces no salen como yo quiero, pero como la esperanza es lo último que se pierde, pienso que algún día lo lograré.

Y así silbando por lo bajito, me levanto, me lavo, me visto, desayuno y me encamino contento a llevar el día hasta el final.

Os pasa igual a vosotros que, os ponéis como una moto al llegar el viernes.
El reloj no adelanta sino que, hace la cuenta atrás, indicando lo poco que queda para el fin de semana.

Ya no me aguanto más, nos volveremos a ver, la próxima semana.