martes 2 de enero de 2007

A donde quieras que estés

Confesión

Desde que te has ido dejándome solo, he tratado de seguir con mi destino.
Qué por cierto no fue fácil, y menos por qué creía que, estarías siempre a mi lado.

Sí, lo confieso que, aunque me jacte de tener una entereza física y mental de hierro, hay veces que en mi soledad, me invade la tristeza.

Sufrí bastante los primeros días, hasta que más tarde se convirtió en, largos desvelos por las noches.
Por qué es en la oscuridad, cuando invaden más los recuerdos, las distancias y las culpas.

Culpas, sí, culpas, por no saber si es que, la vida es así o ha sido algún fallo mío, la causa por la que te has ido.

A nadie le gusta quedarse solo, aunque algunas veces, la soledad es necesaria.

Un amargado dijo de las personas que, una sola es símbolo de soledad, y dos juntas, son un tumulto.
Si bien, lo último, no era nuestro caso.
El saber que me acompañabas, me daba tranquilidad.
Contigo, todo era diferente.

Tus caricias y tus consejos, me ayudaban.
El tener cerca tú presencia, me hacía más fuerte.

Me había acostumbrado a tenerte a mi lado, y nunca me imaginé que, podías dejarme.

Quizás por eso, en su día, no supe en quién confiar mi pesar.
No creí que, ninguno de los conocidos, podría ayudarme con mi soledad.

Y aunque tú no lo creas, te he buscado, te he soñado y algunas veces, he llorado por ti.
Sí, ya se que a mi edad, no tendría que hacerlo.
También se que, los hombres, no lloran.

Pero que querías que hiciese, no me podía contener.
Además, es algo humano y hasta a ti, te debe haber ocurrido.

No me digas que no, que te he visto un par de veces.
Sí, si que te he visto, secarte unas lagrimitas, ha escondidas para que yo no te viera.


Tus causas habrás tenido, las cuales, no es el momento para preguntarte.
Que no, que no hace falta ha éstas alturas mostrarte como, una persona dura.
Si al final, tú y yo, somos iguales.

Pero no me lleves a tú terreno como lo has hecho tantas veces, cambiando de conversación.

Mira que irte sin decirme nada, y no vale la excusa que, yo no estaba en casa.
Podrías haberme llamado, o tal vez haber dejado unas líneas, contándome la razón.

Ya vez, dudas y preguntas que tengo para enterarme de, una vez y por todas, por lo que has pasado.
¿Entiendes ahora?, porqué te he buscado.

Me he dicho a mí mismo que, de hoy no pasaba.
Hoy tengo ganas de hablar contigo, pero, no sé como hacerlo.

Ésta, no es la primera vez que, lo deseo.
Pero como tú bien sabes, un día por otro, dejo pasar el tiempo y me digo, mañana lo haré sin falta.

No, no es por miedo o cobardía que, no lo haya hecho antes, ¿sabes?
Si bien, entre nosotros, tengo algo que confesarte.

A decir verdad, un poco de recelo tenía.
Miedo a que no vinieras, y temor, a tus reproches.

Tal vez, ha sido eso por lo que, no hablé antes contigo.
La duda de saber si querías escucharme, aunque sabía que tú, nunca me defraudarías.
Los reproches, bueno, los acepto igual que antes.

Sí, no soy tonto, claro que se que, no he sido un santo.
Pero sabes bien que, a nadie le gusta escuchar cuatro verdades.
O sea que si lo haces, tendrás antes que, responder a mis preguntas.
Por qué he sido yo quién, organizo ésta cita.

Oye, que no estoy haciendo una escena.
Y se que, no tendría que haber pasado tanto tiempo, pero, ya está.
A lo hecho, pecho, como dice el refrán.
No puedo volver el tiempo hacia atrás, porque si pudiese, cambiaría un sin fin de cosas, ¿sabes?

¿Qué que, cambiaría?
¡Hay!, si yo te contara por lo que tuve que pasar, sin tú ayuda.

En fin, por eso quería hablarte y es así que me dije, hoy es el día, y de hoy no pasa.

Me lo dije esta mañana, al levantarme.
Sí lo se que, también lo había mencionado anteriormente pero, no todos los días he estado capacitado para un enfrentamiento.

Además, no soy una persona impulsiva.
Trato de pensármelo dos veces, aunque luego me equivoque.

Tú sabes como soy.
Me conoces bien y sabes que, necesito el momento adecuado.
Saber de que manera finalizará, antes de tomar la iniciativa.

Pero ya vez la necesidad que tenía en confesarme que, hasta un par de notas, he traído.
Sí notas, cosas que en su día he pensado y las he plasmado para, no olvidarlas.
Por eso, he traído también un lápiz por si tengo que, anotar tus consejos.

No, no te rías, ni me mires así.
Sé muy bien lo que estás pensando.
Si al final, después de tanto repetírmelo algo he aprendido.

Bueno, tenemos que empezar, o sino, se nos hará bastante tarde.
Se que piensas, que más da, si tú no tienes que ir a trabajar.
Sin embargo, yo tengo que madrugar.

No te sorprendas; claro, como no estás aquí cada día.
Te contaré que cada mañana me levanto temprano.
Sí, antes de las siete, ¿quién lo diría, no?
Yo que he sido un dormilón, ahora, madrugo sin necesidad.

Es pura rutina, porque de obligarme, nadie me obliga.
Hay días que me invade la pereza, y no me levantaría por nada del mundo.
Si bien, después de lavarme la cara, las cosas cambian.
Si te dijo la verdad, el día que no me levanto temprano me siento mal, y todo el cuerpo se revela.

Pero bueno, tenemos que comenzar que, ya veremos como acaba.
Ahora bien, primeramente, pondré un poco de música.
Es que la música me encanta y además, sirve como telón de fondo para conversar con tranquilidad.

Sí, si yo no cambio, soy un melómano, más bien un romántico.
Me encanta ser transportado por la música, al fin y al cabo, lo he aprendido de ti.
Siempre te ha gustado escuchar viejas canciones, si y por supuesto, también las modernas.

No te enfades que, no te estoy llamando persona vieja, si como bien puedes observar, los años en mi también han hecho mella.

A mi, la música me distrae, y según como estoy de ánimos, me entristece.
Me trae recuerdos de cosas pasadas que, no volverán.
Oye, lo que he dicho parece la letra de un tango, ¿verdad?
No disimules que, te veo esa mueca picaresca por escucharme a mí, hablar de tangos.
Sí, yo que siempre he sido tan moderno, y esa música, no me interesaba.

Pero es que últimamente han despertado mi interés, unas viejas letras. Las canta de una manera especial uno de esos nuevos artistas, y realmente me agradan.
Debe ser la manera como las interpreta que, atrae mi atención.

¿Quieres escuchar?, éste es.
Su música me hace viajar en el tiempo, y me trae recuerdos.

De mi ciudad, de los amigos, de mi niñez.
A tantas vivencias que, por una u otra causa han quedado dormidas en mi cerebro.
Sus melodías y sus letras, me hacen volver.

Uno de esos tangos en especial, el que se llama; mira por donde, “Volver”, es el que más hace volar mi pensamiento.
A veces, al escucharla, veo plasmada mi vida, en sus glosas.
Al fin y al cabo, si yo volviese sería igual que, en el tango:

“Volver, con la frente marchita las nieves del tiempo, platearon mi cien”
“Sentir que, es un soplo la vida que, veinte años no es nada”
“Que febril la mirada, errante en la sombra, te busca y te nombra”
“Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo que, lloro otra vez”

Dime si esto no serían pases de mi vida, el día en que, regresara a mi Buenos Aires querido.
Con aquellas luces del cielo, las cuales iluminaron mi partida, serían las mismas que, en su día iluminaran mi llegada.

¡Hay! Con veinte años lo quieres todo, lo puedes, todo.

Veintidós años tenía cuando marche; en busca de, ¿en busca de?
Bueno, en realidad buscaba todo lo que tengo ahora.

Aunque a ti te puedo confiar que, a veces, a mi también me hacen llorar los recuerdos.

Volver, volver.

No lo se, pero creo que, si regreso algún día tendría que cambiar, la letra del tango.
La cruda realidad es otra, y muy diferente.

Para mi, el volver y las nieves del tiempo más bien representarían, una inmensa tormenta de nieve.
Sí, si no te rías que, no solo sería en la cien.
Si no, ya me vez como tengo el pelo, las canas han florecido por millares.

Además, para poder buscar en las sombras ahora necesito gafas, porque si no, no veo.

La vida pasa, y los años no perdonan.

Bueno, no era mi intención ponerme sentimental.
Por eso, éste último inciso fue para que, no creas que mi vida es un cúmulo de tristeza.
Soy tenaz y hay veces que, hasta en mis días negros, busco cosas jocosas.

No se si tú has sido igual, ya que, nunca antes tocamos éste tema.
Bueno, mejor cambio ésta interpretación y ya está.
Haber si encuentro algo que, nos agrade a los dos.


¿Ésta, qué tal?, ¿te agrada?
Si al final, todas son buenas.
¿Quién fue el que dijo? -La música adormece a las fieras-
Oye, que no es mi intención con este inciso, faltarte el respeto.

Aunque si mal no recuerdo, a veces te ponías como una fiera cuando yo, no hacía lo que tú querías.
Sin embargo, hay días que es necesario ser un poco gruñón para, conseguir lo que queremos.

Lo que quiero decir es que, la música relaja.
Acompaña a que, los pensamientos fluyan por nuestra boca.
De ahí que dicen que, hablando se entiende la gente.
Y a nosotros, nos ayudara a platicar como se dice en Méjico.

Que suerte el de tenerte aquí.
Realmente, me encuentro contento que, hayas atendido mis ruegos.
Deseaba tenerte a mi lado, y recibir nuevamente tus consejos.
No sabes lo bien que me viene, compartir lo que llevo, escondido en mi pecho.

Te estarás preguntando de éstas fotos que, he traído.
Pues las he traído para mostrártelas, así veras, como han crecido los niños.
Ellos eran de corta edad cuando tú, los dejasteis.
Míralos ahora que mayores son.
¡Como pasa el tiempo!, ¿verdad?

Lo que no se decirte es cual de los dos, se parece más a ti.
Ya que, con el paso del tiempo mi memoria nos es la misma.
No frunzas el seño por no recibir más información, pero es que, ha pasado tanto tiempo.
Y bien sabes que, yo, nunca he sido bueno en las comparaciones.

Además, te podrías haber quedado y no irte, como lo has hecho.

Te diré que, desde tú marcha la cual ni me acuerdo de cuando ha sido, fue mi vida dando tropiezos.
Tuve que hacer como los payasos, llorar hacia dentro para seguir adelante.

Aferrado a unos de los poemas de Machado, el cual dice:
“Caminante, son tus huellas el camino, y nada más”
“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”
“Al andar se hace camino, y al volver, la vista atrás”
“Se ve la huella que nunca, se ha de volver a pisar”
Dedique más tiempo al trabajo, y con su ayuda, a viajar.

Pensé que viajando, olvidaría y recuperaría el gusto por la vida.
Sin tú ayuda tuve que hacer, borrón y cuenta nueva.

Me di cuenta que, podría dedicarme un poco más a la familia.
Y ellos me ayudaron a su manera, ha salir de las oscuras noches de recuerdos y tristezas.

Sí, te estoy hablando de los niños.
Ellos me enseñaron, a no encontrarme solo por las noches.

Tú no estabas y yo tuve que, hacer frente en solitario.
Desde ese mismo instante ya no tuve frío por las noches, si no por el contrario, los sudores brotaron por todo mi cuerpo.

Cada noche era, un sin parar.
Lloros, llantos y gritos, no me dejaban descansar.
Eran como los tres mosqueteros, todos para uno y ese uno, era yo.

Sin tener experiencia tuve que, enfrentarme a las enfermedades.
A quién preguntar qué hacer, al detectar diarreas, varicelas, urticarias, o malarias.
Bueno, malarias no que, se dan en otro país.

En compañía de biberones, pañales y diferentes artilugios para que, descansaran los nenes, volaban las horas.
Cuando no era uno era el otro, y a los dos había que satisfacer.
Sí, así de esa manera fui olvidándome de ti, de mí y hasta de mi nombre.

Llego un momento que, dormía más en el trabajo que en casa.

Oye, que no me quejo que, siempre he sido de la idea que a los hijos hay que, darles todo.
Bueno, todo, todo no, tal vez ayudarlos en casi todo.
Echarles una mano, cuando más lo necesitan.
Aunque algunas veces la mano, se la echarías al cuello.

Por qué hay veces que, se pasan.
Claro que luego y cuando más lo piensas, tratas de acordarte de la manera que, eras a su edad.
Al fin y al cabo, solo eres joven una vez y todos hemos pasado por ello.

En fin no creo que, nuestro caso haya sido una excepción.
En todos lados se cuecen habas, ¿no es así como se dice para corroborar que, a todo el mundo le ocurre lo mismo?
Con el tiempo, crecen, se hacen mayores y ahí lo tienes.

Sí, míralos aquí están, siempre sonrientes.
Como se puede pensar en algo malo de ellos, si parecen dos angelitos, ¿no?

Aunque te diré que, me hubiese gustado cambiar, aspectos de mi vida.
¿Qué que, cambiaría?

Quizás, retrocediendo, dedicaría más tiempo a estar con ellos.
Jugar, reírme, hablar, ser un compañero.

No es que lo haya hecho muy mal pero, como tú bien sabes, en ese momento yo quería escalar, ganar dinero.
Y lo uno, no es compatible con lo otro.

Te confieso que, hacía lo justo y de eso me arrepiento.

Me arrepiento de esos cumpleaños que, he pasado lejos de ellos.
De esas faltas de asistencias, en acompañarlos al colegio.
De las tantas noches, sin darles un beso.
Y de varias cosas más, sí, me arrepiento.

Se muy bien que dirás que, ese arrepentimiento viene con la edad.
Que todos hacemos errores y que con los años, uno cambia las prioridades.

A decir verdad, creía que lo hacía bien.

Trabajando duro para levantar una familia y a su vez, tener dinero para complacerme esos pequeños gustos.
Si esto está bien o está mal, no lo sé, además no he tenido la suerte de poder consultar con alguien.

Tú te habías ido dejándome solo, y sin consejos.

Visto lo visto, tan mal no ha salido aunque me invada la duda de saber si, podría haberlo hecho mejor.

En fin, míralos que contentos y que guapos que están.
Sí, ésta es, cuando eran pequeños y estas dos son del año pasado.

No me lo puedo ni creer, se ha colado una de nosotros dos.
¿Te acuerdas?, o no te reconoces.

¡Qué cambios que hacemos! ¿Verdad?
¡Que cambió hemos dado!, si parecemos dos extraños.

Creo que estamos en el parque, un día de verano.
Lo dijo por la vestimenta veraniega que, los dos llevamos.
¡Mira por donde!, si llevo puestas las sandalias que, me habías regalado.
Aquellas marrones, las que te quejabas que me las ponía, todos los días.

Que días aquellos.
¿Te acuerdas como te gustaba, pasear?, recorrer las calles.
Y cuando íbamos a la playa en las noches de verano, a cenar y a nadar.
Que bien que lo pasábamos, ¿verdad?

Bueno, al final no son más que recuerdos.
Ahora la realidad es otra, y si no, mira la hora que es.
Perdona pero es que a mi, se me ha acabado el tiempo.
A ti no, a mi que mañana necesito levantarme temprano.

Si lo se, aunque pasen los años sigo siendo el mismo.
Tanto llamarte para que vinieras, tantas preguntas que necesitaban tener respuesta.
Y al final te dijo que es tarde.

Como es costumbre mía, he hablado más de la cuenta y las horas, se nos han ido de las manos.
Pero comprenderás que, después de tantos años sin estar a tú lado tenía y tengo, bastantes cosas para contarte.

Si quieres puedes quedarte, pero yo, tengo que irme a la cama.
No, no es que me haya entrado el sueño así de repente.
Pero, si no duermo y como me conozco, mañana no querré levantarme.

Realmente estoy contento de haber pasado, éste rato contigo.

Te confieso que, tenía temor, dudas, miedos, lo típico que se tiene antes de un encuentro.
Pero necesitaba estar a solas contigo, hablarte de mis vivencias, de mis viajes y de los míos.

Contarte lo orgulloso que estoy, de mis hijos.
Ahora que se que cuando te llamo vienes, ésta no será la última.

Aunque me tienes que jurar que, la próxima vez tú elegirás la música.
Como es lógico, no podré complacerte si son versiones antiguas pero, ya veremos lo que hacemos.

¡Ah!, me olvide de decirte que, ella esta durmiendo.
Sí, ya lo se, tendré cuidado y me meteré despacito para que no se despierte.

Bueno, ya es tarde, te dejo.
Besos papá, a donde quieras que estés, ahí en el cielo.